Por Eduardo Rouillet
Por estos días, Paula de Luque trabaja unas catorce horas diarias. Concertar una entrevista con ella, no es tarea fácil. Es la Directora General del Festival Unasur Cine (FUC) que comenzó el último viernes en San Juan; tiene a su cargo la programación –junto a Andrés Di Tella y Sandra Gugliotta–, está posproduciendo "Néstor por todos" –documental sobre el ex presidente Kirchner, que comenzó haciendo Israel Adrián Caetano y que dejó por "presiones políticas" en manos de ella– y acaba de ganar el Premio Mejor Guión Adaptado por su última película "Juan y Eva", sobre obra de Jorge Coscia.
Paula, además actriz, bailarina y coreógrafa, trabajó como ayudante de dirección en "Luca Vive". Su primer largometraje de ficción fue "Cielo azul cielo negro", en codirección con Sabrina Farji.
El Festival Unasur, donde participan películas de Argentina, Bolivia, Venezuela, Perú, Colombia, Brasil, Uruguay, Chile, Ecuador, Paraguay, Guyana y Surinam, es otra iniciativa suya y de la productora Mariana León Echevarría.
"Un festival es un punto de encuentro y, en este caso, tiene el objetivo de juntar, de intercambiar, de hacer interactuar nuestras cinematografías, porque creemos que debemos empezar a pensarnos en función de lo nuestro. Hay una pertenencia sudamericana que en la década del 90 tuvimos olvidada, mirando mucho a los Estados Unidos y Europa. Si bien, como cineasta, me gusta el cine europeo y ciertas producciones independientes norteamericanas, incluso algo de la industria hollywoodense, una cosa son los gustos personales y otra, las creencias… Yo creo, fervientemente, que el futuro de las coproducciones está en Sudamérica, por la crisis mundial que estamos viviendo y por una cuestión de identidad cultural".

Desventajas
–En tu rol de cineasta has tenido que lidiar con la posibilidad de que te den salas y tu película se mantenga en cartel más allá de la primera semana de exhibición. Eso no siempre está ligado a la calidad, a la identidad, a los factores que fuiste citando. Los llamados "tanques" ocupan las pantallas, el cine norteamericano es comercialmente avasallante… ¿Discutirán esa situación desventajosa?
–Hay, básicamente, dos grandes momentos en la construcción de una película. Uno, hacerla y otro, estrenarla. Para el primero, está el Estado presente. No en todos los países del mundo, ni en Sudamérica, EE.UU., Europa, para los oyentes, los lectores, hay una política estatal que proteja la industria y apoye aquellas obras protegibles, atendibles, que son bienes culturales por fuera de la ley de mercado. Porque si no cabría preguntarse qué es de mejor calidad? ¿"Harry Potter" o un poema de Jorge Luis Borges? Las dos cosas… De "Harry Potter" vi toda la saga, tengo una hija adolescente, y es buenísima. No deja de ser un "tanque". Y el poema de Borges es una maravilla y también tiene que existir. Mi punto de vista es que debe haber lugar para todo el cine. Los "tanques" –para los lectores son películas de Hollywood que salen con sesenta, ochenta, ciento cuarenta copias al mercado– ocupan toda la exhibición; los exhibidores son empresas y no es cuestión de ir desde el gobierno, contra ellas. Los empresarios deben estar dentro del sistema, hacer su negocio, no se trata de que no ganen plata, ni mucho menos… Pero, es una situación perfectible que exista todo el cine. Hay gente que no tiene ganas de ver cinematografía de autor y está en todo su derecho, pero hay quienes quieren verlo y también están en su derecho. La cultura es el espejo de un pueblo y es lo único que no puede comprar en otro negocio que no sea el propio. Entonces, la de los empresarios y la del Estado, son funciones diferentes, por eso los primeros deben existir y el segundo proteger.
-Ahí me parece que hay, no te digo una deuda, pero sí algo que es mejorable.
-Hay también una dicotomía falsa de creer que el que vende muchas entradas es malo por ser 'pochoclero'. Yo no lo vi, pero descuento que "Dos más dos" debe ser un buen producto, ha metido 400, 500 mil personas. No digo que es malo por ser masivo, al contrario. Pero eso no significa que sea el único cine argentino en existir. Si no, estamos matando toda una mirada completamente diferente. Por eso digo que la integración de la diversidad es fundamental y es ahí donde el Estado debe estar presente protegiendo obras que están por fuera de la ley de mercado.
–Cuando el equipo que liderás e integrás se fue contactando con distintos países, cineastas, productores que envían su material al FUC, la necesidad de unirse, de lograr pantalla, ¿es común?
–Fue muy bienvenido por los miembros de la Unasur y muy celebrado el hecho de que hubiera un primer festival internacional solamente para Sudamérica. Venezuela tiene una especie de Incaa (Fonprocine), protegiendo su cine, en Chile hay líneas de subsidios a las artes en general. A tal punto llega el interés que se presentaron más de dos mil producciones. El FUC es un espacio que se nos ocurrió a Mariana y a mí, pasa, pero resultó una necesidad que estaba en el aire.





